Utilitarismo (3ºESO)

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La reflexión ética

UTILITARISMO (3º ESO)

[Actividad extraída de: Ética y ciudadanía, Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (http://recursostic.educacion.es/secundaria/edad/4esoetica/quincena4/index_quincena4.htm). Coordinación: Simón Royo Hernández. Autores: Julián Jesús Martínez López, Pedro Fernández Liria, María José Serrano de la Cruz, Concepción Pérez García, César Prestel Alfonso, Óscar Sánchez Vadillo, Simón Royo Hernández. Se han hecho pequeñas modificaciones y añadidos ajenos al texto citado]

La ética utilitarista es una de las filosofías morales más importantes del siglo XIX. Los utilitaristas, como su propio nombre indica, hablan de la “utilidad” de aquello que da “placer” (en este sentido se asemeja al epicureísmo). Todos los seres humanos buscan “placer” en sus actividades de un modo u otro.

 

Los utilitaristas consideran que una acción será tanto más benigna moralmente cuanto más placer genere a la mayor cantidad posible de gente. Como su nombre indica, su contenido esencial es definir la corrección de toda acción por su utilidad, es decir, por los resultados o consecuencias producidos por ella. De ahí que esta doctrina se conozca también con el nombre de consecuencialismo.

Hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que se da el utilitarismo y la pertinencia social del mismo. Europa está cambiando del antiguo régimen de poderes absolutos y sociedades jerarquizadas a regímenes más o menos democráticos en los que se defiende el liberalismo político y económico. El utilitarismo es una corriente ética muy unida a este liberalismo.

[La Libertad guiando al pueblo es un cuadro pintado por Eugène Delacroix en 1830 y conservado en el Museo del Louvre de París]. «Revolución liberal es un término de uso historiográfico con el que se designa la revolución política incluida en el proceso de transformaciones revolucionarias en todos los ámbitos con el que se cierra la Edad Moderna y comienza la Edad Contemporánea. El componente económico de ese cambio es la Revolución industrial y el componente social la Revolución burguesa. Se localiza en el tiempo entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, y especialmente en Europa occidental (aunque se extiende más allá de este marco inicial tanto en el tiempo como en el espacio). Institucionalmente, este cambio político se produce entre la monarquía absoluta propia del Antiguo Régimen y el Estado liberal, y adoptó muy diferentes formas: una república, con modelos como la Commonwealth inglesa de 1649, la federación de las Trece Colonias norteamericanas en 1776, o la Republique française de 1793; una monarquía, que a su vez tuvo modelos como la monarquía parlamentaria de la Revolución Gloriosa inglesa de 1688, la monarquía constitucional diseñada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa de 1789 y las Cortes de Cádiz españolas de 1812; o incluso un imperio como el napoleónico de 1804. Las revoluciones de 1848 fueron determinantes en el ascenso posterior de las fuerzas liberales en Europa. La ideología que pasó a denominarse como liberalismo es la doctrina justificativa de la revolución liberal» (Wikipedia)

Las sociedades quieren más libertad, desean romper las barreras sociales del antiguo régimen, contemplan mayor movilidad social y bienestar para toda la población. (Un tema interesante, que rebasa nuestra intención aquí, es el de ver cómo este liberalismo creará nuevas barreras sociales ligadas a una economía capitalista y precisará de la reacción de movimientos reivindicativos de los trabajadores, como es el caso del socialismo).

En todo caso, el utilitarismo en su raíz está inspirado por un ideal de bienestar social: a través de condiciones de vida dignas para todos los ciudadanos y del fomento de las libertades. Lo vamos a ver en sus dos representantes más señeros: Jeremy Bentham y John Stuart Mill.

Jeremy Bentham (1748-1832) fue un afamado filósofo, jurista y político inglés. En su consideración de la utilidad del placer subrayó la importancia de la imparcialidad para considerar a todo ser humano como ser a tener en cuenta en su búsqueda de placer. Esto es algo que rompía con el tradicionalismo clasista de las sociedades antiguas. Significaba que una sociedad no ha de valorar como superior el placer de una persona por ser aristócrata, o por ser más adinerado que otra persona no aristócrata o con poco dinero. Entre sus obras destacamos Los principios de la moral y la legislación.

La naturaleza ha puesto a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos: el dolor y el placer. Solo ellos nos indican lo que debemos hacer, así como determinan lo que haremos. Por un lado el criterio de bueno y malo, por otro la cadena de causas y efectos, están sujetos a su poder. Nos gobiernan en todo lo que hacemos, en todo lo que decimos, en todo lo que pensamos: cualquier esfuerzo que podamos hacer para desligarnos de nuestra sujeción solo servirá para demostrarla y confirmarla. Con palabras un hombre puede aparentar que renuncia a su imperio, pero en realidad permanecerá sujeto a él todo el tiempo. El principio de utilidad reconoce esta sujeción y la asume para el fundamento de ese sistema, cuyo objeto es erigir la estructura de la felicidad por obra de la razón y la ley. Los sistemas que intentan cuestionarlo se ocupan de sonidos en lugar de sentido, de fantasías en lugar de razón, de oscuridad en lugar de luz” (Bentham)

Principios de legislación y de codificación extractados de las obras del filósofo inglés Jeremías Bentham por D. Francisco Ferrer y Valls, Tomo I, Imprenta de D. Tomás Jordan, Madrid, 1834, capítulo I, p. 18. Leer más AQUÍ.

Entonces, lo bueno moralmente sería buscar aquello que diera mayor placer a la mayor cantidad de gente sin importar su extracción social. Para ello Bentham ideó una serie de reglas de cálculo de placeres. Esto a simple vista es fácil de entender y es muy conciliable con la mentalidad democrática actual.

No obstante, surgieron problemas con este cálculo: primero, cómo calcular el grado de placer de cada individuo de modo cabal, siendo como es la vivencia del placer algo tan personal, tan subjetivo, y cómo “sumar” experiencias que, al ser tan personales, son difícilmente equiparables.

Principios de legislación y de codificación extractados de las obras del filósofo inglés Jeremías Bentham por D. Francisco Ferrer y Valls, Tomo I, Imprenta de D. Tomás Jordan, Madrid, 1834, capítulo I, p. 33. Leer más AQUÍ.

Otro problema importante era el relacionado con la posible calidad de los tipos de placeres; aunque Bentham no se pronunció sobre ello parecía claro que aún considerando valioso por igual el placer de todas las personas, sin distingos de clases, los seres humanos culturalmente dan más valor social y/o moral a unos placeres que a otros, por tanto tal vez debería hacerse una clasificación lo más objetiva posible de calidades morales de los distintos tipos de placeres.

En la solución de este problema de las calidades de los placeres destacó el utilitarista John Stuart Mill (1806-1873), filósofo, político y economista inglés. Stuart Mill recogió la teoría de Bentham, la estudió y la complementó con aportaciones originales. Una de sus obras más importantes se titula precisamente Utilitarismo.

“Este tratado de filosofía moral, que ocupa un lugar clave dentro de la obra de John Stuart Mill (1806-1873), contiene tanto enunciados de hecho como valoraciones implícitas respecto al mundo, la humanidad y la felicidad. «El mérito de Mill ­-señala Esperanza Guisán-­ radica en que supo combinar inteligentemente los datos que le ofrecía la experiencia para formular, proponer e imaginar un mundo que resultase más deseable y una convivencia que pareciese más satisfactoria y más gozosa.» «El utilitarismo» muestra, por un lado, que el logro de la felicidad humana implica la puesta en marcha de una serie de resortes morales, y por otro, que el ideal de la máxima felicidad del mayor número constituye el criterio mismo de la moralidad. Completa el volumen «Un sistema de la lógica», que esboza de manera clara los supuestos metaéticos de Mill”. [Leer más AQUÍ]

Hay una frase de Stuart Mill que se ha hecho famosa: “Prefiero ser un Sócrates insatisfecho antes que un cerdo satisfecho”, lo que, de modo muy expresivo, viene a querer decir que no todo placer es deseable ni personal ni colectivamente.

John Stuart Mill, El utilitarismo, prólogo y traducción de Esperanza Guisán, Alianza Editorial, Madrid, 2007, p. 55 (leer más AQUÍ)

En el cálculo de placeres además de tener en cuenta a la sociedad en su totalidad hay que tener en cuenta la pertinencia moral de la calidad del placer. Claro, que para ello, como dijo Stuart Mill, los miembros de la sociedad han de estar bien informados, bien instruidos y educados, y sin imposiciones, desde la libertad como valor importante, han de poder descubrir y elegir aquellos placeres de más valor, que les realizarán más como personas tanto a nivel individual, buscándolos individualmente, como a nivel colectivo, fomentándolos solidariamente.

ACTIVIDADES DE REFLEXIÓN (por equipos o individualmente exponer los resultados en clase)

  1. Resume las características más importantes de la teoría utilitarista.
  2. Vamos a reflexionar acerca de los distintos tipos de placer. Haced una lista con los que se os ocurran y añadid una breve explicación acerca de los mismos. Explicad, asimismo, qué placeres os parecen más valiosos.

“Utilitarismo”: ficha de teoría y actividades en PDF


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