Epicureísmo (3ºESO)

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La reflexión ética

EPICUREÍSMO (3º ESO)

[Actividad extraída de: Ética y ciudadanía, Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (http://recursostic.educacion.es/secundaria/edad/4esoetica/quincena3/index_quincena3.htm). Coordinación: Simón Royo Hernández. Autores: Julián Jesús Martínez López, Pedro Fernández Liria, María José Serrano de la Cruz, Concepción Pérez García, César Prestel Alfonso, Óscar Sánchez Vadillo, Simón Royo Hernández. Se han hecho pequeñas modificaciones y añadidos ajenos al texto citado]

En la Antigüedad, se distinguieron por su importancia dos escuelas filosóficas morales que se ha convenido en calificar como “hedonistas”: la escuela cirenaica, fundada por diversos discípulos de Aristipo de Cirene (435-355 a.C.), y la escuela de EpicuroEpikouros_Met_11.90.

Aquí resumiremos las reflexiones acerca de la moral que este último vertiera en sus dos principales obras: la Carta a Meneceo y las Máximas capitales. En dichos textos, Epicuro enseña que la felicidad es el fin último de la vida y que ella misma consiste en el placer (hedoné).

“El placer es principio y culminación de la vida feliz. Al placer, en efecto, reconocemos como el bien primero, a nosotros connatural, de él partimos para toda elección y rechazo y a él llegamos juzgando todo bien con la sensación como norma”.

(Carta a Meneceo, 128-129)

Epicuro, Obras, Carta a Meneceo (128-129), traducción, estudio preliminar y notas de Montserrat Jufresa, con la colaboración de Montserrat Camps y Francesca Mestre, Altaya, Barcelona, 1995, p. 61 (sigue leyendo AQUÍ)

Pero no todos los placeres son igualmente deseables, ni deseables en todo momento y en cualesquiera circunstancias. Por eso, dice Epicuro, es preciso tener un “recto conocimiento de los deseos” y de sus objetos, los placeres, para saber a qué deseo conviene dar satisfacción en cada situación y para saber a qué tipo de placeres hay que dar prioridad frente al resto:

“Como el placer es el bien primero y connatural, precisamente por ello no elegimos todos los placeres, sino que hay ocasiones en que soslayamos muchos, cuando de ellos se sigue para nosotros una molestia mayor. También muchos dolores estimamos preferibles a los placeres cuando, tras largo tiempo de sufrirlos, nos acompaña mayor placer. Ciertamente todo placer es un bien por su conformidad con la naturaleza y, sin embargo, no todo placer es elegible; así como también todo dolor es un mal, pero no todo dolor siempre ha de evitarse. Conviene juzgar todas estas cosas con el cálculo y la consideración de lo útil y de lo inconveniente, porque en algunas circunstancias nos servimos del bien como de un mal y, viceversa, del mal como de un bien”

(Carta a Meneceo, 129-130)

Epicuro advierte contra sus críticos contemporáneos que cuando habla del placer como “bien supremo” y “fin último de la vida” no se refiere “a los placeres de los disolutos y de los que se dan en el goce” desordenado y sin medida, sino “a la ausencia de dolor físico (aponía) y a la ausencia de turbación en el alma (ataraxía)”.

Que el placer se convierta en un “bien”, depende estrictamente de la sabia elección del que actúa, de la sabiduría y la “prudencia” (phrónesis) con que se elija uno de entre todos los comportamientos posibles. Y la sabiduría “enseña que no es posible vivir feliz sin vivir sensata, honesta y justamente”. Pues “las virtudes son connaturales a una vida feliz, y el vivir felizmente conlleva siempre la virtud” (Ibid, 132).

Epicuro, Obras, Carta a Meneceo (132), ibíd, p. 63 (sigue leyendo AQUÍ)

De algún modo, esta afirmación pone límite a un hedonismo irreflexivo y simplista. Según Epicuro, “es preferible ser infeliz viviendo racionalmente, que feliz de manera irracional”. Para Epicuro, en efecto, no toda felicidad tiene el mismo rango: la felicidad primaria y despreocupada en la que se complace el insensato no tienen el mismo valor que la felicidad buscada reflexiva y responsablemente por el sabio.

El jardín de las Delicias, de El Bosco (1500-1505): «En el tríptico abierto se incluyen tres escenas. La tabla izquierda está dedicada al Paraíso, con la creación de Eva y la Fuente de la Vida, mientras la derecha muestra el Infierno. La tabla central da nombre al conjunto, al representarse en un jardín las delicias o placeres de la vida. Entre Paraíso e Infierno, estas delicias no son sino alusiones al Pecado, que muestran a la humanidad entregada a los diversos placeres mundanos. Son evidentes las representaciones de la Lujuria, de fuerte carga erótica, junto a otras de significado más enigmático. A través de la fugaz belleza de las flores o de la dulzura de las frutas, se transmite un mensaje de fragilidad, del carácter efímero de la felicidad y del goce del placer. Así parecen corroborarlo ciertos grupos, como la pareja encerrada en un globo de cristal en el lado izquierdo, en probable alusión al refrán flamenco: “La felicidad es como el vidrio, se rompe pronto”» (Wikipedia)

ACTIVIDADES DE REFLEXIÓN (por equipos o individualmente exponer los resultados en clase)

  1. Resume las características más importantes de la teoría hedonista de Epicuro.
  2. «Que el placer se convierta en un “bien”, depende estrictamente de la sabia elección del que actúa, de la sabiduría y la “prudencia” con que se elija uno de entre todos los comportamientos posibles». Explica con ejemplos esta afirmación. 
  3. ¿Estás de acuerdo con la teoría ética de Epicuro? Argumenta tu respuesta.

“Epicureísmo”: ficha de teoría y actividades en PDF


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